Conociendo a los hermanos de Rosa
El viernes Rosa y yo tuvimos un pequeño problema. Serían las siete de la tarde cuando me llamo:
- Tony, ¿vas a tardar mucho en venir? - preguntó.
- Un rato, estoy terminando unas cosillas - le dije.
- Le he dicho a mi madre que nos esperen a cenar.
- Humm. ¿Tienen costumbre de cenar pronto?
- Sobre las nueve y media.
- No creo que lleguemos antes de las nueve y media. Aún tengo cosas que hacer.
- ¿No puedes dejarlas para el lunes?
- Me he comprometido a dejarlas terminadas hoy y subidas al servidor para que se las descargue el cliente mañana.
- Vaya. ¿Y que le digo yo a mi madre ahora?
- Llámala y dile que no nos esperen. ¿Como se te ocurre quedar con ella así, sabiendo lo liado que ando?
- Dijiste que nos iriamos por la tarde - su voz sonaba enfadada.
- Lo se. Más quisiera yo estar de camino ya, pero no puedo.
- Bueno. Termina lo que estas haciendo. Hasta luego - colgó el teléfono.
Comprendo que Rosa se enfadase, pero también tiene que comprender que tenía trabajo que hacer y que ir al campo era para descansar. Terminé lo que estaba haciendo y fui a recogerla, serían las ocho y media cuando llegue.
- Hola - dije.
- Hola - fue seco y desprovisto de emoción.
- ¿Nos vamos?
- ¿A qué esperas? Vámonos ya.
- Tampoco es para ponerse así, ¿no?
- Venga, vámonos, no seas pesado.
Nos metimos en el coche. No abrio la boca hasta media hora despúes.
- Llamé a mi madre y me dijo que nos esperaban para cenar hasta la hora que fuese - su humor era normal.
- ¡Estupendo! - conteste.
- ¿Que estabas haciendo tan importante?
- Terminando unos informes de un programa que necesitaba el cliente para el lunes a primera hora. No podía decirle que no.
- ¿Y no podia eperar?
- No. Siempre viene a última hora para que le haga las cosas. Menos mal que después no se queja cuando le paso las facturas.
- Menos mal.
- ¿Y tu que tal con el trabajo?
- Bien.
Continuamos el viaje conversando sobre cosas del trabajo y anecdotas de los compañeros de ella, lo que ayudo a romper el hielo. Cuando llegamos al campo cenamos con sus padres y después estuvimos charlando un rato antes de ir a dormir. Esperaban que los hermanos de Rosa llegasen por la mañana.
Al otro día, a eso de las ocho de la mañana, me desperto el sonido de una bocina de coche. Rosa dio un salto de la cama, se puso la bata y salio corriedo diciendo "ya estan aquí", con un entusiasmo y alegría tal que se me llamo mucho la atención. Me levanté y fui a saludar.
Los hermanos de Rosa eran mayores que ella y me saludaron con cordialidad. En poco tiempo estaba hablando con ellos como si los conociese de toda la vida, eran personas de trato sencillo y agradable.
El fin de semana transcurrio tranquilo y relajado, y aunque me lleve el portátil para ver si hacía alguna cosa no tuve tiempo de sacarlo.
Regresamos el domingo por la noche y la carretera, habitualmente fluida de tráfico, iba lenta, por lo visto se había producido un accidente bastante aparatoso. Tardamos tres horas y media en llegar a mi casa, tan cansados que nos acostamos sin cenar y antes de poder desearnos buenas noches nos quedamos dormidos.
- Tony, ¿vas a tardar mucho en venir? - preguntó.
- Un rato, estoy terminando unas cosillas - le dije.
- Le he dicho a mi madre que nos esperen a cenar.
- Humm. ¿Tienen costumbre de cenar pronto?
- Sobre las nueve y media.
- No creo que lleguemos antes de las nueve y media. Aún tengo cosas que hacer.
- ¿No puedes dejarlas para el lunes?
- Me he comprometido a dejarlas terminadas hoy y subidas al servidor para que se las descargue el cliente mañana.
- Vaya. ¿Y que le digo yo a mi madre ahora?
- Llámala y dile que no nos esperen. ¿Como se te ocurre quedar con ella así, sabiendo lo liado que ando?
- Dijiste que nos iriamos por la tarde - su voz sonaba enfadada.
- Lo se. Más quisiera yo estar de camino ya, pero no puedo.
- Bueno. Termina lo que estas haciendo. Hasta luego - colgó el teléfono.
Comprendo que Rosa se enfadase, pero también tiene que comprender que tenía trabajo que hacer y que ir al campo era para descansar. Terminé lo que estaba haciendo y fui a recogerla, serían las ocho y media cuando llegue.
- Hola - dije.
- Hola - fue seco y desprovisto de emoción.
- ¿Nos vamos?
- ¿A qué esperas? Vámonos ya.
- Tampoco es para ponerse así, ¿no?
- Venga, vámonos, no seas pesado.
Nos metimos en el coche. No abrio la boca hasta media hora despúes.
- Llamé a mi madre y me dijo que nos esperaban para cenar hasta la hora que fuese - su humor era normal.
- ¡Estupendo! - conteste.
- ¿Que estabas haciendo tan importante?
- Terminando unos informes de un programa que necesitaba el cliente para el lunes a primera hora. No podía decirle que no.
- ¿Y no podia eperar?
- No. Siempre viene a última hora para que le haga las cosas. Menos mal que después no se queja cuando le paso las facturas.
- Menos mal.
- ¿Y tu que tal con el trabajo?
- Bien.
Continuamos el viaje conversando sobre cosas del trabajo y anecdotas de los compañeros de ella, lo que ayudo a romper el hielo. Cuando llegamos al campo cenamos con sus padres y después estuvimos charlando un rato antes de ir a dormir. Esperaban que los hermanos de Rosa llegasen por la mañana.
Al otro día, a eso de las ocho de la mañana, me desperto el sonido de una bocina de coche. Rosa dio un salto de la cama, se puso la bata y salio corriedo diciendo "ya estan aquí", con un entusiasmo y alegría tal que se me llamo mucho la atención. Me levanté y fui a saludar.
Los hermanos de Rosa eran mayores que ella y me saludaron con cordialidad. En poco tiempo estaba hablando con ellos como si los conociese de toda la vida, eran personas de trato sencillo y agradable.
El fin de semana transcurrio tranquilo y relajado, y aunque me lleve el portátil para ver si hacía alguna cosa no tuve tiempo de sacarlo.
Regresamos el domingo por la noche y la carretera, habitualmente fluida de tráfico, iba lenta, por lo visto se había producido un accidente bastante aparatoso. Tardamos tres horas y media en llegar a mi casa, tan cansados que nos acostamos sin cenar y antes de poder desearnos buenas noches nos quedamos dormidos.
3 comentarios
Roberto -
Mocho -
Jorge -
Un saludo. de un internauta